Desarrollo humano

El desarrollo humano es el proceso de aumento de las libertades de las personas en cuanto a sus capacidades y oportunidades para elegir la vida que desean vivir.

El proceso de aumento de las libertades incluye las dinámicas sociales, económicas, políticas y medioambientales necesarias para brindar a las personas la garantía de una variedad de oportunidades, así como un ambiente propicio para que desarrollen a cabalidad su potencial.

Así, el desarrollo humano debe centrarse en las personas y el aumento de su bienestar, entendido no como una acumulación de riquezas y el incremento de los ingresos, sino como un mayor abanico de opciones y una mayor capacidad y libertad de elección. En este enfoque, los ingresos y la riqueza no son fines per se, sino medios para que las personas tengan la vida que deseen.

El crecimiento económico de una sociedad no se traduce automáticamente en calidad de vida, y muchas veces se observa incluso un aumento de las desigualdades. Es necesario transformar este crecimiento en beneficios concretos para las personas: niños más sanos, educación universal y de calidad, aumento de la participación política de los ciudadanos, preservación del medioambiente, equilibrio en los ingresos y las oportunidades de toda la población y mayor libertad de expresión, entre otros. Así, al situar a las personas en el corazón del análisis del bienestar, el enfoque del desarrollo humano redefine la manera en que concebimos y tratamos el desarrollo tanto a nivel nacional como local.

El concepto de desarrollo humano y su medida, el Índice de Desarrollo Humano (IDH), se presentaron en 1990 en el primer Informe sobre Desarrollo Humano del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, ideado por el economista paquistaní Mahbub ul Haq con la colaboración del economista Amartya Sen.

La popularización del enfoque de desarrollo humano se produjo tras la creación y adopción del IDH como medida del nivel de desarrollo humano de los países en lugar del Producto Interno Bruto (PIB), que hasta entonces había sido la medida de desarrollo predominante.

El IDH abarca tres de los requisitos más importantes para el aumento de las libertades de las personas: la oportunidad de tener una vida larga y saludable (salud), el acceso al conocimiento (educación) y la posibilidad de gozar de un estándar de vida (ingresos).

El IDH tuvo una gran repercusión a nivel mundial debido principalmente a su simpleza y claridad y a la forma más abarcadora y holística en que mide el desarrollo. Al plasmar en una única cifra la complejidad de tres importantes dimensiones, el IDH pasó a ser una herramienta de comprensión y fomento de un amplio debate y reflexión sobre la importancia del desarrollo humano para la sociedad.

Las tres dimensiones del IDH
Vida larga y saludable (longevidad)
Tener una vida larga y saludable es fundamental para vivir una vida plena. Fomentar el desarrollo humano implica incrementar las posibilidades que tienen las personas de evitar una muerte prematura y garantizarles un entorno saludable, con acceso a una salud de calidad, para que alcancen los niveles más altos posibles de salud física y mental.
Acceso al conocimiento (educación)
El acceso al conocimiento es un factor crucial de bienestar y es esencial para el ejercicio de las libertades individuales, para la autonomía y para la autoestima. La educación es fundamental para incrementar las habilidades de las personas y permitirles tomar las riendas de su propio destino. La educación genera confianza, confiere dignidad y amplía los horizontes y las perspectivas de vida.
Estándar de vida (ingresos)
Los ingresos son esenciales para satisfacer necesidades básicas como el agua, la alimentación y la vivienda, pero también para poder trascender esas necesidades y aspirar a una vida con posibilidades genuinas de elección y de ejercicio de libertades. La renta es un medio para alcanzar múltiples fines y nos permite optar entre distintas alternativas posibles, y cuando es insuficiente las oportunidades de vida se ven mermadas.